14
Jul
El mayor sacrificio
Eva me dijo hoy que no había visto a su abuelita – quien está muy enferma – en más de 15 años. En otras palabras, practicamente desde que emigró a Estados Unidos.
La verdad, no me lo puedo imaginar. ¿Cómo será no poder salir de este país porque al hacerlo corres el riesgo de no volver más? ¿Cómo será sentirse como un prisionero? ¿Cómo será no poder ver a la gente que amas por tanto tiempo? ¿O nunca más?
No me lo puedo imaginar.
Estuve siete años sin ir a Lima al principio. Mi papá ya no está y no le puedo preguntar, pero creo que primero era porque simplemente era muy caro y le salía más barato irnos a las Bahamas a renovar la visa, que regresar a Lima. Pero estoy casi segura que después, cuando comenzamos a hacer los trámites para la residencia, ya no podía salir.
La cosa es que entre el 87 – el año que llegamos a Miami – y el 94 no fui a mi patria. Pero, la verdad, no me acuerdo haberlo sufrido tanto… A ver, eso es mentira, porque lo cierto es que odié a mi papá por no dejarme regresar a terminar el colegio bajo el cuidado de mi abuelita en Lima. Pero eso fue los primeros años. En cuánto me enamoré, la cosa cambio un poco porque mi vida tenía otro enfoque.
Después de hablar con Eva hoy, me puse a pensar en este tema más detalladamente y creo que tal vez no me afectó tanto porque estaba chica. Además, mi abue – a quién más extrañaba – nos venía a visitar a menudo y se quedaba por largos meses. Aunque a la que sí extrañé con locura fue a mi prima hermana, Luri.
Nos negaron los que pudieron haber sido nuestros mejores años de juventud juntas. Yo acababa de cumplir 14 y ella 15. Teníamos toda la adolescencia – y todo lo que viene con ella – por delante. Pero la vida no lo quiso así. Y en vez de convertirnos en mujeres juntas, lo hicimos en diferentes continentes, y nos nos vimos por siete largos años.
Aún así, creo que igual no llego a imaginar lo que debe ser querer regresar a tu tierra, a ver aunque sea una vez más a los que amas, y NO PODER.
Mi abuelita se cayó y se rompió la cadera el año pasado. Pensé que esa no la libraba. ¡Qué poco conozco a mi vieja! Meses después de que todos la dieran por muerta, mi abue comenzó a caminar con andador y ahora hasta solita lo hace.
Pasé momentos duros imaginándome lo peor y sin poder ir por falta de plata. Pero la realidad es que si la cosa se hubiese puesto muy, muy fea, vendía las cuatro joyas en mi posesión – o pedía dinero prestado – pero yo me iba a verla.
No me imagino no poder hacerlo.
